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Tierra Quebrada: El Doble Terremoto que Sacude a una Venezuela en Plena Transición Política

 

Venezuela vive su peor catástrofe natural en más de un siglo. La tarde del miércoles 24 de junio de 2026, dos potentes terremotos sacudieron con apenas un minuto de diferencia la costa centro-norte del país, dejando un balance que no deja de crecer: para la mañana de este jueves 25 de junio se reportaban al menos 188 muertos, más de 1.500 heridos y más de 130 réplicas. El desastre golpea a un país que apenas intenta reorganizarse tras una abrupta transición política.

Dos sismos casi simultáneos

Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), un primer movimiento de magnitud cercana a 7,2 se registró poco después de las 6 de la tarde (hora de Venezuela) con epicentro cerca de San Felipe, en el estado Yaracuy, seguido casi de inmediato por un segundo sismo de magnitud 7,5 a escasos kilómetros al oeste de la ciudad de Morón. Ambos fueron clasificados como superficiales, con una profundidad de alrededor de 13 kilómetros, lo que amplifica su capacidad destructiva en la superficie.

El temblor se sintió con fuerza en al menos seis estados —Trujillo, Yaracuy, Carabobo, Aragua, Miranda y La Guaira— además de la capital, Caracas, y fue percibido incluso en Colombia. Tras los eventos principales se emitió y luego se descartó una alerta de tsunami para Puerto Rico, las Islas Vírgenes y varias islas del Caribe.

Caracas y La Guaira, las zonas más golpeadas

Los daños son extensos. Numerosos videos geolocalizados muestran edificios parcial y totalmente colapsados, entre ellos al menos dos en Caracas y el derrumbe del Hotel Eduard's en La Guaira. El estado costero de La Guaira fue declarado zona de desastre y concentra buena parte de las operaciones de rescate.

El aeropuerto internacional Simón Bolívar, cerca de la capital, cerró temporalmente tras sufrir daños estructurales. La conectividad a internet cayó drásticamente en todo el país al dañarse la infraestructura de energía y telecomunicaciones, según la organización de vigilancia NetBlocks. Las autoridades suspendieron las clases durante una semana y cancelaron los servicios ferroviarios y las actividades no esenciales.

Una emergencia sobre una crisis previa

El sismo llega en un momento especialmente delicado. Venezuela está siendo gobernada por una administración interina encabezada por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, que asumió tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a principios de año, y arrastra una economía golpeada por años de hiperinflación. Sobre ese escenario frágil se superpone ahora una catástrofe de proporciones aún no del todo conocidas.

El Gobierno declaró el estado de emergencia y creó un grupo de trabajo de alto nivel para coordinar la búsqueda y rescate. "Esto es verdaderamente una tragedia", declaró Rodríguez en un mensaje de video, mientras advertía que las cifras seguirán aumentando.

La respuesta internacional

La solidaridad internacional se activó con rapidez. Estados Unidos anunció el envío de equipos de búsqueda y rescate desde Virginia y Los Ángeles; el secretario de Estado, Marco Rubio, subrayó que la prioridad es el desescombro en las primeras 48 horas, cuando es más probable hallar supervivientes. También se sumaron equipos de la República Dominicana, El Salvador, México y Qatar, mientras China, Brasil y varias naciones caribeñas ofrecieron ayuda humanitaria.

Análisis TácticaGlobal

Primero, la magnitud del evento lo coloca en una categoría histórica: son los terremotos más fuertes que azotan Venezuela en más de un siglo, superando incluso al sismo de 7,3 de Sucre en 2018. La combinación de dos rupturas sucesivas y superficiales explica por qué el daño estructural ha sido tan severo en un radio amplio.

Segundo, la geología condena a la región a este riesgo. Venezuela se asienta sobre el complejo límite entre las placas del Caribe y Sudamérica, con sistemas de fallas como Boconó y Oca-Ancón. No es cuestión de si volverá a temblar, sino de cuándo, lo que convierte la resiliencia estructural en una política de Estado ineludible.

Tercero, la vulnerabilidad construida multiplica la tragedia. Buena parte de la población vive en estructuras poco preparadas para sacudidas de esta intensidad, y años de crisis económica han limitado la inversión en infraestructura y en códigos de construcción sismorresistentes. El terremoto expone, en cuestión de segundos, décadas de deterioro acumulado.

Cuarto, la coyuntura política complica la respuesta. Un gobierno interino, surgido de una transición traumática y con una economía debilitada, enfrenta el reto de coordinar una emergencia masiva con capacidades institucionales mermadas. La rapidez y eficacia de la respuesta serán también una prueba de legitimidad para la nueva administración.

Quinto, la dimensión geopolítica no es menor. Que Estados Unidos —cuyas fuerzas capturaron a Maduro hace meses— envíe ahora equipos de rescate introduce una capa diplomática inédita: la cooperación humanitaria podría abrir canales en una relación marcada por la confrontación, o quedar atrapada en las tensiones de fondo. Habrá que observar cómo se gestiona esa ayuda y qué lecturas políticas genera dentro y fuera del país.