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Bolivia al borde del abismo: 18 días de bloqueos, muertos y un presidente que se niega a renunciar



 Las protestas en Bolivia comenzaron a principios de mayo de 2026 con epicentro en las ciudades de La Paz y El Alto, convocadas inicialmente por la Central Obrera Boliviana y otros sectores sindicales y campesinos con demandas económicas, entre ellas el incremento salarial del 20%, mejoras en el abastecimiento de combustible y la derogación de la Ley 1720. Con el desarrollo del conflicto, las protestas incorporaron la demanda de renuncia del presidente Rodrigo Paz Pereira. 

¿Quién es Rodrigo Paz y cómo llegó aquí?

Las elecciones generales de 2025 no dieron mayoría a ningún candidato en primera vuelta, lo que llevó a una segunda vuelta donde Paz ganó con el 54,96% de los votos, siendo la primera vez en la historia de Bolivia que la presidencia cambió de manos a través de una segunda vuelta electoral, poniendo fin a dos décadas de dominio del Movimiento al Socialismo. 

Apenas seis meses después de esa victoria histórica, el país está en llamas.

La chispa que encendió todo

Las primeras protestas comenzaron en abril, en rechazo a la Ley 1720, una polémica normativa sobre tierras y propiedad agraria impulsada por el gobierno. Lo que partió como una crítica a una medida puntual, rápidamente se transformó en un cuestionamiento más amplio a la conducción del gobierno. 

A eso se sumó una crisis de combustibles devastadora. A principios de febrero de 2026, estalló una crisis por la venta de combustibles en mal estado, que desató protestas de transportistas y terminó con la salida del ministro de Hidrocarburos. Hasta principios de mayo, más de 5 mil vehículos en Bolivia fueron dañados y debieron ser compensados por la empresa estatal YPFB. 

18 días que paralizaron un país

Desde hace más de dos semanas, sindicatos campesinos, organizaciones obreras y sectores afines al expresidente Evo Morales mantienen bloqueadas las rutas estratégicas que conectan la sede de Gobierno con el resto del país y con las fronteras de Perú y Chile. 

Las consecuencias son devastadoras. Aproximadamente 5.000 camiones de alto tonelaje se encuentran varados en las carreteras, transportando desde combustible y animales vivos hasta productos de exportación como la soya. El sector reporta pérdidas diarias que superan los 720.000 dólares, cifra que se suma a los 150 millones de bolivianos que el sector turístico ha dejado de percibir. 

Los muertos que nadie quiere contar

El conflicto ha provocado consecuencias humanitarias gravísimas, incluyendo fallecimientos asociados a la interrupción del tránsito de servicios de emergencia.  Personas que no pudieron recibir atención médica a tiempo por los bloqueos. La crisis ya tiene rostros humanos.

La marcha de Evo que llegó a La Paz

Una segunda gran movilización denominada “Marcha por la Vida para salvar Bolivia”, vinculada al entorno del expresidente Evo Morales, partió el 12 de mayo desde Caracollo, llegó a El Alto el 17 de mayo y se preparó para ingresar a La Paz mientras los bloqueos de rutas se extendían por todo el país. 

La entrada de esa marcha a La Paz sembró el caos y la zozobra entre la población civil, con comercios atacados e incluso personas en buses urbanos agredidas sin motivo aparente. 

Paz no se rinde, pero tampoco convence

El presidente Paz insiste en que no va a renunciar y acusa a Morales de mover los hilos de las protestas, operando indirectamente a través de dirigentes sociales que encabezan las movilizaciones. 

Sindicatos y organizaciones sociales llevan dos semanas de protestas al considerar que el presidente se apartó de sus promesas electorales y que su gestión es una absoluta traición al pueblo. 

Las posiciones más radicales han reaparecido: desde pedidos de renuncia hasta amenazas de “guerra civil” y propuestas de trasladar la sede de gobierno a Santa Cruz de la Sierra. 

Conclusión

Bolivia vive su peor crisis política en años. Un presidente nuevo sin fuerza para negociar, un expresidente acusado de agitar desde las sombras, y un pueblo que paga el precio en vidas y economía. El desenlace de esta crisis definirá el rumbo de uno de los países más convulsionados de Latinoamérica.